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Hablar de Dios

Yo sé que hablar de Dios no está de moda.

Dar gracias por la Vida suena raro.

Mirando al Cielo grito sin reparo

que mi mundo sin Ti no se acomoda.

Dejadme que hable con Dios

por poco interés que prenda

entre los nuevos decentes

esa vieja distracción:

la del calor sin medida

que no espera recompensa

pero paga con Amor,

la que aparta la violencia,

la comunión en largueza

y el abrazo con tesón.

Hablar con Dios en la escuela,

en el trabajo, en la cancha,

en la calle, en las tabernas,

en la alegría, la tristeza,

el disfrute y el dolor.

Dame fuerzas, Señor, yo te doy gracias,

pido perdón por lo que no he querido.

Sin Ti, Jesús, la vida se desgracia.

Vivir sin Ti sería no haber vivido,

la apuesta eterna, una completa farsa,

hablo de Dios porque me lo has pedido.

– Fernando Romero Barrero

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Domingo XXIII – La sabiduría de la Cruz

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Mejor así

Fernando Romero Barrero

Mantén el corazón abierto,

tu actitud templada

las formas sosegadas

y la mirada limpia.

Deja los brazos extendidos,

contempla la belleza que te acoge

y agradece con ternura

la luz que te abre al día

y el calor que te ampara.

Mantén el espíritu

fuerte y alerta,

tu malestar adormecido

y escucha atento

el soplo del amor

que arde en tu pecho

y la luz que te atrapa.

Siéntete tú, sencillamente,

sin más virtud

que la que te hace serte,

nítido y querido,

cogido de Su mano,

la que alivia tu cruz.

Fernando Romero Barrero

Julio de 2022

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25 AÑOS DE LA CONSAGRACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL DE SANTA MARÍA DE CERVELLÓN

Se cumplen, en este año 2022, las bodas de plata de la inauguración y consagración del actual templo parroquial de Santa María de Cervellón, acto que en su día fue presidido por el cardenal-arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela. La parroquia también estrenaba ese día nuevo nombre, ya que anteriormente era denominada de San Jacinto.

Don Carlos Osoro – cardenal-arzobispo de Madrid en la Parroquia de Santa María de Cervellón

En la tarde del pasado 5 de junio, domingo de Pentecostés, Don Carlos Osoro, actual cardenal-arzobispo de Madrid, presidió una solemne misa concelebrada para dar gracias a Dios por estos 25 años de vida pastoral. Llegada la Acción de la Gracias, el párroco P. Mario Alonso pronunció las siguientes palabras:

«En este momento final, de nuestra celebración, me uno con sentimiento de gratitud al Señor por estos 25 años de vida de nuestro actual templo parroquial y también del cambio de nombre: de San Jacinto pasó a denominarse de Santa María de Cervellón. Recordamos la inauguración y consagración que llevó a acabo de cardenal Antonio María Rouco.

En primer lugar, gracias al Señor, dador de todo bien, porque podemos disponer de este espacio celebrativo, donde nos unimos cada día como comunidad de fe.

Gracias al cardenal Don Carlos Osoro, Pastor de nuestra diócesis de Madrid, por estar hoy aquí presidiendo y compartiendo con nosotros estos 25 años, pese a sus múltiples tareas y compromisos pastorales, ¡Muchas gracias Don Carlos!

Gracias a nuestro Vicario Episcopal Don Juan Carlos Vera, siempre atento y siempre disponible para cuanto atañe a nuestra Vicaria I.

Gracias al P. Justo Linaje, Provincial de Castilla, de la Orden de la Merced. Casualmente, hace 25 años, tuvo la suerte de ser él también Provincial, capitán de esta nave mercedaria. Vivió de primera mano las obras, enfrascado de lleno en ellas. No sabemos si dentro de otros 25 años quizás lo tengamos, también por aquí de nuevo, como Provincial. ¡No lo sabemos, pero ya veremos…!

Gracias a los que fueron párrocos y hoy nos acompañan: al P. José Luis Tesouro, al que tocó ser bisagra, puente, en el paso del primer templo de San Jacinto a este nuevo de Santa María de Cervellón. Y cercano a él, está el P. Fernando, a quien tenemos la suerte de ver más a menudo ya que es uno de los Vicarios parroquiales actuales, junto a los PP. Serge y Leoncio. Los tres trabajando, codo con codo, junto a mí como Párroco. Gracias también a los ex párrocos que no han podido venir, PP. Gonzalo Ruiz y José Avilés. Y gracias, cómo no, a los hermanos de esta comunidad provincial de la Curia, siempre disponibles y dispuestos a colaborar en la parroquia en lo que sea menester.

Gracias a los Vicarios parroquiales, que fueron y ya no son, que estaban y ya no están. Dos nombres están en la mente de todos: P. Sanmartín, un hombre de Dios, un varón santo, que nos estará viendo desde el cielo; enfermos, ancianos y necesitados fueron su prioridad. También el P. Luis Vázquez, hoy en nuestra Residencia de Salamanca, nos dejó como testamento el libro “Guía Artístico-Espiritual” de nuestra parroquia. Por cierto, lo podéis llevar a la salida, hay ejemplares en la mesa del fondo.

Quiero dar las gracias también a Carlos, Párroco de San Juan Bautista, por razones de vecindad y amistad. No olvidemos que nuestra parroquia es hija del Bautista, pues de ella se segregó al nacer.

Gracias especiales al grupo de religiosas de la parroquia. Un gran don para todos nosotros, en esa riqueza de vida comunitaria y religiosa, de eclosión de carismas que enriquecen y colaboran siempre y en todo momento. Cada congregación o instituto aportando lo mejor de sí, con su fundador-a propio-a y su espiritualidad específica.

Y gracias a vosotros, queridos feligreses. Vosotros sois los auténticos protagonistas de esta historia de 25 años.

Es cierto que el templo, desde el punto de vista arquitectónico y artístico, es muy bueno: su techumbre en forma de barco invertido, con la calidez y acogida que transmiten sus vigas y maderas, signo inequívoco de la Nave de la Iglesia y símbolo propio de nuestra santa titular, Socorro y auxilio de cautivos y de navegantes en peligro; la galería de la Virgen de la Merced y los santos mercedarios, con esas esculturas y bustos en bronce, obra del escultor ruso Lev Yefímovich Kérbel, artista de fama internacional, cuya obra es única aquí en Madrid; el Árbol de la Vida, en la capilla del sagrario; el mural de las miserias y cautividades actuales, en el presbiterio; el viacrucis del fondo, el panel cerámico de la fuente bautismal, en el baptisterio; las vidrieras…todo ello en conjunto forma un verdadero museo de arte sacro contemporáneo, es evocador y entraña, en sí mismo, una auténtica catequesis que humaniza y evangeliza.

Pero mucho más importante que todo eso, sois vosotros; sois las piedras vivas de estos muros, en palabras del apóstol San Pablosois templo de Dios”, sois el ensamblaje que sostiene todas las vigas y entramado de la vida espiritual de este edificio.

Aquí os habéis alegrado y habéis cantado, en momentos y vivencias familiares de vida y de fe: bautismos, primeras comuniones, enlaces matrimoniales…

Aquí también habéis llorado, os habéis desahogado, encontrando consuelo, ayuda y escucha: al despedir a un ser querido, en su tránsito a la Casa del Padre; al reconciliaros mediante el sacramento de la penitencia; y en tantos y tantos momentos de acogida y de encuentro.

Personalmente quiero dar gracias a Dios porque sentís a la parroquia como “Iglesia propia”, hogar común, casa familiar, fraterna y acogedora, en la cual se proclama la Palabra, se predica el Evangelio, se celebra la fe, se intenta llevar a cabo el mandato del Amor fraterno, y se comparte, en caridad, con los más pobres.

-Por último, no quisiera olvidarme de dar las gracias a Fausto, el diácono permanente que ha asistido sirviendo al altar; y al grupo de las cinco acólitas, procedentes de diversos continentes y países, de distintas lenguas y culturas, parábola viva de Pentecostés. Gracias a todos los que habéis venido, a quienes habéis preparado y participado en la eucaristía, gracias a los feligreses y amigos, a todos. A terminar iremos a los salones parroquiales invitados a compartir un ágape fraterno. Y ya que hoy finaliza el Tiempo litúrgico de Pascua, vamos a pedir a Don Carlos que apague el gran cirio pascual. ¡Demos gracias a Dios! Un gran aplauso. Muchas gracias.»

P. Mario ALONSO AGUADO (Párroco)


Misa celebración en imágenes


Misa celebración – momentos

Entrada

Agape

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Estás en medio nuestro

Estás en medio nuestro como un gran amigo. 

Sostienes nuestras voces con tu voz silenciosa. 

Es hermoso tenerte tan cerca en este instante de oración y alegría que nos une a tu lado.

Lávanos bien el alma de egoísmo, Señor, en tanto te rezamos con las manos unidas.
Haz que esta plegaria nos haga más hermanos de verdad desde ahora.

Estás en medio nuestro sembrándonos tu vida, tu reciente y eterna ternura transparente.

Todo cuanto ahora mismo cantamos todos juntos es una lenta súplica de amor y de querencia.

Basta, Señor, de un mundo que se cierra a tu altura. De unos hombres que sólo se miran con recelo. De esta lágrima inmensa que es la tierra en que vamos medio viviendo aprisa sin mirarte a los ojos.”

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SAN JOSÉ CON EL NIÑO JESUS DE LA MANO

Un magnifico conjunto escultórico para la orden de la Merced Descalza

Artículo publicado por la revista La Merced – Caminos de Liberación. nº201 – Mario Alonso Aguado

SAN JOSÉ CON EL NIÑO JESUS DE LA MANO

El pasado 8 de diciembre el Papa Francisco firmaba su Carta Apostólica Patris Corde (Con Corazón de Padre), se cumplían ciento cincuenta años desde que el Beato Pío IX declarase a San José Patrono de la Iglesia Universal. Con tal motivo, el Papa actual estable- ció que se celebre un Año especial dedicado a San José, año que culmina- rá el 8 de diciembre de 2021. La figura de San José, a quien San Juan Pablo II presentó como Custodio del Reden- tor, es determinante en la Historia de la Salvación, no olvidemos que los cuatro evangelios se refieren a Jesús como El Hijo de José.

Esta circunstancia, del Año de San José, nos da pie a presentar una talla de este santo, sobresaliente tanto en su hechura como en su autoría, no en vano la talla se debe a la gubia del gran escultor Juan de Mesa y Velasco, sin duda, el mejor discípulo que tuvo Juan Martínez Montañés. La obra, encarga- da y conservada en el antiguo conven- to de mercedarios descalzos de Fuen- tes de Andalucía (Sevilla), se enmarca en el barroco español y sigue los postu- lados emanados del Concilio de Trento (1545-1563). Hasta hace cinco siglos, la figura de San José, apenas tuvo pre- sencia para fortalecer el misterio de la Encarnación. En el arte, especialmente en la pintura, aparecía formando parte de la Sagrada Familia, caracterizado como un anciano más bien torpe, en un segundo plano, alejado de todo prota- gonismo, muchas veces dormido, sin tener relevancia alguna en la escena. Esa vejez acentuada, con la que le representaban los artistas, ponía en evidencia que no podía haber sido el padre carnal de Jesús. Con Trento, este tipo de representaciones cambia- ron radicalmente y tomaron un nuevo rumbo. En los siglos XVI y XVII, la apa- riencia de San José irá rejuveneciéndo- se paulatinamente, representado revestido de manto marrón y con la característica vara florida, de almendro, de azucena o de lirio, identificándole como “hombre justo”, al tiempo que la vara evidenciaba su pureza y castidad, y ponía de manifiesto su triunfo sobre el resto de pretendientes que tuvo María.

Este San José con el Niño Jesús de la mano es todo un reflejo de la espiritualidad de la Iglesia de su época

El Concilio de Trento trajo consigo grandes reformas en el seno de la Igle- sia, afectando también a las Órdenes religiosas. En sus filas, algunos de sus miembros querían volver a la fuente de sus orígenes, alejándose de todo aque- llo que entorpecía la vivencia de la vida comunitaria y el cumplimiento de los votos religiosos prescritos en sus reglas y constituciones. En la Orden del Car- melo sobresalió la gran figura de una destacada religiosa, mujer adelantada a su tiempo: Teresa de Jesús, la santa reformadora, fundadora de los conven- tos de descalzas, y ferviente devota de San José y propagadora de su figura. Ella llegó a escribir: “Tomé por abogado y protector al glorioso San José […] de este santo tengo experiencia que soco-rre en todas las necesidades, y es que quiere el Señor darnos a entender que, así como le fue sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre, y le podía mandar, así en el cielo hace cuánto le pide. Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios”.

La Orden de la Merced, influenciada por los carmelitas, también hizo su pro- pia reforma interna en 1603 con el Venerable Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento a la cabeza. Los nuevos mercedarios descalzos o recoletos heredaron ese espíritu de austeridad y ascesis propias de la refor- ma tridentina, manifestando una espiri- tualidad eminentemente cristológica y mariológica en la que también San José ocupaba un lugar relevante. El santo esposo de María fue titular de algunos de los principales templos de la reforma mercedaria, además del de Fuentes, valgan como ejemplo los con- ventos fundados en grandes ciudades como Sevilla o Valladolid; también pre- sidió capillas propias al interior de los templos, lo mismo que retablos u hor- nacinas de fachadas al exterior.

La historia mercedaria nos dice que el convento de San José, de religiosos mercedarios descalzos de Fuentes de Andalucía, fue fundado el 14 de agosto del año 1607, previamente se habían personado en el pueblo cuatro frailes, tres de ellos sacerdotes: Fray Luis de Jesús María, Fray Miguel de las Lla- gas y Fray Alonso de la Concepción, a los que se sumó un cuarto que era hermano: Fray Cosme. Los inicios no debieron ser nada fáciles, mucha pobreza, adversidades diversas, rentas insuficientes… con el tiempo se fueron solventando varios de estos contra- tiempos. En el año 1610, el comenda- dor Fray Alonso de la Concepción –de Cárdenas en el siglo– inicia la construcción del templo, edificación que se prolonga en el tiempo y que sería remodelada en el siglo XVIII. Fray Alonso, natural de Fuente de Cantos, el pueblo extremeño del genial pintor Francisco de Zurbarán, era un religio- so bien formado y afamado predicador, fue un personaje clave en la fundación de este nuevo convento. Era conocido popularmente como El Padre de los anteojos, por llevarlos casi siempre elegantemente puestos.

Gracias a Francis J. González, historiador local de Fuentes de Andalucía, conocemos los pormenores de la talla de San José. Por fortuna, el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, sección de Protocolos Notariales, conserva el documento del encargo de la talla por parte del comendador Fray Alonso de la Concepción, en 1615, por el coste de setenta ducados, es la primera obra documentada de Juan de Mesa. Afirma el escultor: “me obrigo de haser un san Josefe con un niño Jesus de la mano de escultura de madera de cedro que a de tener el santo siete quartas y media de alto y el niño Jesus una vara de largo poco más o menos lo que hubiere menester confforme a la buena correspondencia encima de una peana […] y el niño ambos en una peana”. La talla fue encargada sin estofar ni encar- nar, algo que se llevaría a cabo en el siglo XVIII.

Las obras del palacio, en este caso del templo, van despacio. Hasta el año 1760 no se culmina el retablo mayor del templo, obra del maestro Martín de Toledo. Las esculturas de San José y el Niño fueron ubicadas en el ático, la parte más alta del retablo. El historia- dor Francis J. González nos aclara que las imágenes permanecieron allí hasta 1947, año en el que pasan a ocu- par la hornacina principal, en calidad de titulares y patronos. En el hueco que dejaron instalaron una Virgen de la Merced Comendadora. Quiso la mala fortuna que, en 1997, gran parte de la techumbre y la bóveda del convento de

Fuentes se vinieran abajo por su mal estado de conservación y falta de obras de mantenimiento. La Virgen de la Merced Comendadora quedó seria- mente dañada, no así San José y el Niño que afortunadamente pudieron salvarse. Con todo, el paso del tiempo y algunas desafortunadas restauracio- nes llevadas a cabo de forma precipita- da en el pasado siglo XX habían aleja- do a las imágenes de su esplendor pri- migenio. De ahí que, en el 2001 fueron restauradas y estudiadas con gran pro- fesionalidad y acierto.

Años más tarde, con motivo de cumplirse el IV centenario de la hechu- ra de las imágenes, en 2015, se montó en Fuentes y una exposición conme- morativa y explicativa que vino a poner en valor estas imágenes y a sacarlas de su secular anonimato. Bajo el título “La Encarnación del Patriarca” se tuvo una oportunidad única para gozar de la visión de esta magnífica obra de Juan de Mesa, apodado por algunos histo- riadores del arte como El Escultor de Dios.

Sin duda, este San José con el Niño Jesús de la mano, iconografía conoci- da también como San José Itinerante o Guiador del Niño, es todo un reflejo de la espiritualidad de la Iglesia de su época y del tipo de imaginería reinante en aquel momento histórico. Manifiesta visiblemente el valor catequético y la fuerza evangelizadora de la belleza que desprenden estas imágenes, remi- tentes y referentes a lo divino. Los mer- cedarios descalzos tuvieron muy pre- sente todo esto, todo lo dispuesto por el Concilio de Trento con relación a las imágenes, las reliquias y los dogmas; y lo referente a su culto y veneración, así lo ponen de relieves los diversos encargos de imágenes, pinturas, gra- bados y otros ornatos litúrgicos que hacían para sus conventos, todos ellos revestidos de unción y recreados con una perfección sublime que trasciende en defensa del catolicismo frente al protestantismo emergente.

La Beata María Ana de Jesús con la presidenta de la Comunidad de Madrid

Isabel Díaz Ayuso recibe la Medalla de la Beata María Ana de Jesús

Díaz Ayuso recibe la Medalla de la Beata María Ana de Jesús
fuente: http://www.madridactual.es

La presidenta de la Comunidad de MadridIsabel Díaz Ayuso, ha recibido este lunes la Medalla de la Beata María Ana de Jesús de manos de la Asociación Amigos de María Ana de Jesús, del convento de las Madres Mercedarias de don Juan de Alarcón.

Posteriormente, en la Real Casa de Correos, sede del Ejecutivo madrileño, se ha reunido con la Junta Directiva de este colectivo, encabezada por María de los Ángeles Curros, responsable de la causa de canonización de la Beata, ha indicado el Gobierno Regional en un comunicado.

Todos los días 17 de cada mes, la asociación de Amigos de Mariana de Jesús atiende a los indigentes mediante el reparto de alimentos. Una ayuda que entregan en memoria de la beata María Ana de Jesús, y que se distribuye desde el convento de las madres Mercedarias de don Juan de Alarcón (Puebla, 1), en cuya iglesia se encuentra el cuerpo incorrupto de la copatrona de Madrid.

La causa de la asociación está respaldada por su figura, conocida como la Santa de los pobres de Madrid. Fue beatificada en 1783 por el Papa Pío VI y el 8 de marzo de 2011 se abrió el proceso diocesano de canonización.

Noticia: Díaz Ayuso recibe la Medalla de la Beata María Ana de Jesús – MADRID ACTUAL

Noticia: Díaz Ayuso recibe la Medalla de la Beata María Ana de Jesús | Comunidad de Madrid

Biografía de la copatrona de Madrid

Esta beata, terciaria mercedaria, nació el 21 de enero de 1565 en la madrileña calle de Santiago con el nombre de Mariana Navarra de Guevara y Romero. Perteneciente a una familia acomodada, a muy temprana edad se quedó huérfana de madre, hecho que marcó su vida. Casado su padre en segundas nupcias, ejerció de madre para sus hermanos, lo que la hizo madurar pronto.

Desde muy pequeña mostraba en su vida espiritual un amor especial a Jesús Eucaristía, practicaba austeridades y rezaba con frecuencia. También la Virgen gozaba de sus preferencias. E incluso su Ángel custodio, con quien conversaba a menudo. A pesar de eso, creció como una muchacha normal, gozando de las mismas diversiones que las chicas de su tiempo. Sus padres la habían prometido en matrimonio, y puede que ella llegara a consentir el compromiso. Pero un buen día, con 22 años, un sermón de un fraile, una llamada insinuante –quizás Dios que la reclamaba para sí–, y su espiritualidad apasionada, la ayudaron a decidir su vocación. La negativa a casarse y su deseo de apartarse del mundo para entregarse a Dios provocó un gran revuelo en su familia, que no aceptó esa decisión, e intentó ‘persuadirla’ para hacerla cambiar de opinión. Recurrieron a los castigos, prohibieron sus salidas… pero ella no cejó en su empeño. Fiel a su decisión, meditada en la oración y respaldada por su confesor, recortó sus cabellos y llegó a desfigurar su boca –practicándose un corte en los labios- con el fin de parecer fea y disuadir a su prometido de casarse con ella, y a sus progenitores de sus empeños casamenteros. Estos se negaron a aceptar los hechos, y la confinaron a una reclusión que duró varios años, viviendo sin salir a la calle, y con distintas privaciones.

Nada de esto hizo mella en la decisión de la joven, que lo aceptó todo, incluso los momentos de oscuridad espiritual con que Dios la ‘regaló’ en esta época, con un gran estoicismo y paciencia. Al tiempo que soportaba el cerco familiar, con su forma de vivir demostró lo que su voluntad ansiaba: vivir alejada del mundo y cerca de Dios. Así, comía lo imprescindible, se sometía a privaciones, sacrificios y mortificaciones, e incluso se disciplinaba con gran rigor, viviendo una vida piadosa y de penitencia, ayudada y dirigida por fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, religioso mercedario que influyó mucho en su vida espiritual.

Su familia decidió dejarla vivir su vida y con 33 años abandonó la casa de su progenitor, para instalarse en una choza contigua a la madrileña ermita de Santa Bárbara, donde vivió hasta que su dueña la instó a buscar otro lugar. Los frailes Mercedarios Descalzos le dieron una casita ubicada en el huerto del convento de santa Bárbara, donde vivió hasta el fin de su vida.

La influencia de fray Juan Bautista, unida a su formación académica en el convento Grande de la Merced, ubicado en la actual plaza de Tirso de Molina, hizo que el carisma Mercedario atrajera su atención, y que deseara vivirlo con una entrega total. Pero las madres Mercedarias no la dejaron profesar y vivir como una más dentro de la comunidad, quizás debido a la prevención provocada por la fama de la Beata. Mariana hubo de contentarse con pronunciar los votos en privado, primero ante el padre Guimerán, y luego ante el padre general de los Descalzos, y vivirlos de manera privada, sin renunciar a llevar el hábito de Terciaria de la Merced, que llevaba por obediencia como un símbolo exterior de su compromiso interior.

Gran devota de Jesús Eucaristía –es considerara la precursora de los jueves eucarísticos- y de la Pasión, los éxtasis, las visiones de Cristo y de la Virgen María -con quien conversaba- pronto son del dominio público. Esta mística de la Cruz llegó a sufrir el tormento de la corona de espinas o a degustar las delicias de la hiel y el vinagre, como Jesús crucificado. Pasa su vida dedicada a la oración y la penitencia, y recorre Madrid con su hábito, procurando ayuda a los más pobres, niños, enfermos, cautivos y todo tipo de necesitados, a quienes socorre con limosnas y demás ayudas materiales. Pide para ellos por mandato de su confesor, algo que le suponía un gran sacrificio. La fama de sus virtudes, y la de las apariciones sobrenaturales y milagros que la acompaña, se extendió rápidamente, y su humilde vivienda se convirtió en el corazón de la Villa y Corte. Las reinas Margarita de Austria e Isabel de Borbón, y muchas personalidades de la época, acudieron a ella en busca de consejo espiritual.

El rey Felipe IV y miembros de la nobleza se cuentan entre sus devotos. Su compasión y su ternura dan para todos. A unos escucha, a otros ayuda con dinero y limosnas, incluso ofreciendo su propia comida, entre otros pone paz, soluciona conflictos, cura enfermedades, aporta consejos… Llega incluso a influir en fundaciones e instituciones. Su labor y su testimonio encuentran la aclamación de las gentes más sencillas de su querido Madrid. Y muchos fueron los corazones y las almas que, con el ejemplo de su vida y su oración, se volvieron a Dios.

Eran conocidas sus premoniciones o ‘visiones’ futuras, que con frecuencia eran consultadas. Y que, por ejemplo, ayudaron a que un santo madrileño, a quien profesaba una devoción muy especial –san isidro Labrador- llegara a los altares, al animar al embajador de Felipe III, agradecido al Santo por una presunta curación, a que fuese a Roma para solicitar la canonización del madrileño, asegurando que a su vuelta traería el Decreto firmado, y que su mujer, enferma crónica, vendría curada. Una vez canonizado, la estatua del patrono de Madrid fue colocada en la Puerta de Alcalá, junto con la de santa María de la Cabeza. Muerta Mariana, también su imagen fue puesta en dicha puerta, antes de ser beatificada, situada a uno de los lados de la Virgen de la Merced, y al otro san Pedro Nolasco, fundador de la Orden. Esa Puerta sería derribada por Carlos III para construir la actual.

También para las religiosas Mercedarias, en cuya orden profesó de manera privada, tuvo palabras premonitorias cuando no la recibieron en el convento: no me aceptáis en vida, pero me recibiréis una vez muerta. Y así fue. Fallecida en olor de santidad a los 59 años –el 17 de abril de 1624-, su cadáver fue expuesto al público durante tres días, y miles de devotos acudieron a darle su último adiós. Sus restos fueron enterrados en el antiguo convento de santa Bárbara, donde permanecieron hasta la ocupación francesa. En ese momento, las tropas napoleónicas robaron la arqueta de plata que contenía su cuerpo, regalo de los Duques de Alba. Los frailes, previsores, lograron entretener a las tropas francesas el tiempo suficiente para sacar el cuerpo antes del saqueo, tirándolo envuelto en una sábana a un convento de carmelitas colindante con el convento mercedario. El monasterio de las madres Mercedarias de don Juan de Alarcón solicitó después dicho cuerpo al obispado, siendo entregado por ser de la misma orden y profesión.

Así, sus restos fueron trasladados al actual convento de las Mercedarias, en la madrileña calle de Valverde 15, en cuya Iglesia permanecieron hasta la Guerra Civil, fecha en que las madres abandonan el convento por ser ocupado durante la contienda. El cuerpo de la beata será escondido en una ebanistería, para ser trasladado después al convento de la Encarnación, donde permaneció depositado hasta terminar la Guerra. Y una mañana muy fría de invierno fue trasladado, a hombros, por los Caballeros de la Orden de la Merced, al monasterio de Alarcón, donde descansan en la actualidad. El arca que contiene sus restos mortales, instalado en el retablo dedicado a la beata, es un regalo de la Casa de Medina Sidonia. Su cuerpo, que se venera cada 17 de abril –festividad litúrgica de la beata- permanece incorrupto.

Entre otros hechos extraordinarios, la beata ayudó a terminar la construcción de este convento de las madres Mercedarias, en cuya Iglesia reposa actualmente, y el de las Carboneras del Corpus Christi, de las monjas Jerónimas.

Aclamada como la ‘Santa de los pobres de Madrid’ desde el momento de su muerte, pronto se inicia el proceso de beatificación. Por unanimidad el pueblo llano, los nobles e incluso los reyes se unen dando testimonio de los incontables favores, prodigios y milagros obrados por su intercesión. La gente ‘acude’ a ella en busca de favores. Y se suceden ‘milagros’, como el de las lluvias que hubo en Madrid durante las terribles sequías que hubo en las dos Castillas en 1613 y en 1624. En ambas ocasiones, la Beata permaneció en oración hasta que logró que lloviera.

Beatificada en 1783 por el Papa Pío VI, el 8 de marzo de 2011 se abrió el proceso diocesano de canonización después de que la beata hubiera realizado el esperado milagro: la presunta curación de una niña hace 14 años.

Fuente: biografía